De niña, mi familia, siempre solía definirme ante los demás como una «salpica», una «chispoleta»……en definitiva, lo que querían decir sobre mi persona era, algo así como:»a esta, no se le pone na por delante». Que, por cierto, era con lo que acababan siempre sus discursos. Está mal que yo lo diga pero como es verdad, pues lo digo. Siempre me he sentido admirada e incluso demasiado querida por mi familia. MI FAMILIA, se me llena la boca al decirlo una y otra vez.
Y en ese espejo con cristales fabricados de tanto refuerzo positivo, es en el que hoy me veo reflejada. Y no puede ser de otro modo . Ellos son los verdaderos artífices de que, de alguna manera, yo también me vea, me crea y me retrate así. «Chispoleta y «salpica», dos palabras que encima, con ese acento cacereño me encantan, y qué significan eso, lo que decían y dicen y repiten incansables hoy mis padres…que, a esta niña, no se le pone «na» por delante.
Hoy, reza en mi cuenta de Twitter: «Criando, creyendo y creando…periodista y madre. Aprendiendo con ellos mientras trato de enseñarles a que es posible construir un mundo más feliz» Y, bueno, digamos, que en ello estoy.
Los que me conocen dicen que hablo demasiado, y es verdad…pero he de reconocer que o disimulan muy bien, o no se aburren conmigo porque, digamos que me encanta comunicarme con los demás desde siempre.eso sí, lo de hablar menos y escuchar más, me lo tengo que mirar. Lo confieso. Lo de comunicar, Lo tuve claro desde que comence a razonar: «quería ser periodista». Recuerdo un pequeño asientito de mimbre, metido en el hueco que dejaban las dos camas: la de mi hermana Sandra y la mía, ahí, en ese estudio radiofónico particular y perfecto que se componia de dos grandes transistores, pasaba siestas, mañanas y en definitiva, me autoafirmaba en la profesión.En uno de los dos aparatos que, me parecían rudos y feos y que ahora se me antojan encantadores, ponía una cinta con música y regulaba el volúmen a medida que mivoz, iba lanzándose, en el otro transistor, que era el que grababa. Por Dios!, cuando descubrí que, taponando los agujeros de abajo con un trozo de cinta aislante se podía grabar en las cintas de Michael Jaxon o de Madonna o los Beattles, que mi padre llevaba en el coche, la que se lio!…todavía me acuerdo y, desde entonces, no quedaba cinta sana en casa. Todo me gustaba: radioformula, programas de entretenimiento, informativos que, previamente me redactaba en la máquina Perkins y leía en Braille, programas realizados en falso directo en la calle en donde muchos, vecinas de mis abuelas, por ejemplo, recuerdo, decían que abultaba el casette más que la niña jajaja.
Eso sí, había otro juego que jamás puse en duda que también, como lo de ser periodista, se haría realidad algún día: ser mamá. Mimaba, vestía y en fin, criaba a mis muñecas, porque yo siempre tenía niñas, y no muñecos jaja, como toda una madraza. Me encantaba alargar estos juegos y, no, no se trataba de un rato, sino de días y dias completos de ser madre, trabajadora, claro, jaja, en la radio, claro, pero madre. Y ahora, justo en el momento en que me pongo ante esta nueva tarea, me doy cuenta que, en cierta medida, con sus diferencias, claro, voy siendo medio dueña de una realidad, que me hace inmensamente feliz. Por eso, siempre me reafirmo en que en este mundo que nos ha tocado vivir, me considero una auténtica privilegiada.

